A dos años de la firma del acuerdo de paz empezamos a hacer balances. ¿Estamos en una mejor situación que antes? Seguramente, pero la dicha no es completa y el camino recién empieza.
Si la finalidad de los acuerdos de paz era el desarme de las FARC-EP, se logró casi totalmente. Las acciones militares de las llamadas disidencias no son ni de cerca la misma amenaza que la totalidad de esa organización insurgente representaba. El Estado ha sido muy ineficiente en llenar el vacío de autoridad que el grupo nacido en Marquetalia logró acumular durante más de 50 años, ni militar, ni socialmente. Muchos lugares han sido copados por el Ejército de Liberación Nacional y bandas de todo tipo.
Punto por punto, podríamos hacer un humilde balance que muestra que no todo es blanco o negro. Frente a la reforma agraria integral, es un proceso que empezó tímidamente y con un cúmulo de reticencias frente a tenedores de tierra que han visto amenazados sus intereses, en muchos casos producto del despojo de mafias y paramilitares, pero el tema todavía no ha arrancado.
Se pueden ver progresos en lugares como la Macarena, pero el descrédito del gobierno ya ha hecho mella en quienes buscan legalizar predios y reemplazar cultivos de uso ilícito, dado que muchos campesinos empezaron a cultivar masivamente coca para aprovechar los pocos meses antes del avance de la sustitución. Además, el punto de la política de solución a las drogas de uso ilícito del actual gobierno es totalmente contrario a lo firmado. Es decir, como en la época de Guadalupe Salcedo, donde el Estado colombiano traicionó lo pactado, soplan aires de incumplimiento.

Sin embargo, vale la pena alertar que muchos de sus militantes fueron asesinados en plena campaña electoral y que hubo hechos de intolerancia que son repudiables si queremos reconciliarnos como nación. Su candidato presidencial Timochenko, tuvo que suspender su campaña por falta de garantías.
Por último, nos encontramos ante avances en el reconocimiento de la Jurisdicción Especial para la Paz como mecanismo de sometimiento de los actores del conflicto, dado que hasta el uribismo empezó a ceder. Las víctimas han encontrado por fin un espacio para su reconocimiento. Pero hay nubarrones generados por el caso, todavía incierto, de Jesús Santrich. Al igual, que las reformas que en este punto han empezado a plantearse en el Congreso por el Centro Democrático. Recorrimos más de 50 años de conflicto social y armado, y solo dos en búsqueda de la paz, una paz incompleta que nos exige también un compromiso patriótico, desinteresado y sincero. La paz también es Contigo Cartago.


